Vestida de azul parecía un trocito del mejor océano posible: un océano que lleva consigo veleros blancos, galope de delfines y brisa salada. Vestida de azul se apoyaba en la pared, bajo el reloj detenido de un piso y de una fiesta de estudiantes. Ella, desconocida, bebía a sorbos un oscuro y espeso licor que, al contacto de su boca, refinaba a transparente. Perlas en el cuello y en los pendientes. En sus piernas, algo cortas y algo anchas, medias que vestían en negro su equilibrio.
Y yo allí, bebiendo, ajeno a los amigos y la música. Fumando cigarrillos como si fuera hombre que por su trabajo recorre a caballo las praderas americanas. Buscando un gesto, una mirada, un escote… unos labios que pudieran darme un momento de agua en aquella época de llamas.
Reparé en ella. Estaba quieta y miraba fijamente a un lugar cercano a donde yo fumaba. Miraba a un sitio donde no había nada ni nadie. Forcé a ver si su mirada chocaba con la mía; pero no hubo forma, ella seguía mirando a ese lugar donde no había nada. Parecía no estar allí, en aquella fiesta; parecía que todo aquello le importaba poco; parecía que esperaba a otro, otro que aún no sabía que ella le atraparía con el imán de sus ojos.
Todo esto fue hace muchos años, y aunque ya no recuerdo ni una sola cara de aquella fiesta, ni sé que fue de mis amigos, todavía pienso en la mirada fija y vacía de aquella chica de azul… y siento una punzada, pues sé que aún deseo que sus ojos se encuentren con los míos. Y conlleva dolor, pero suelo imaginar que hubiera sido de mi vida, minuto a minuto, con ella.

6 comentarios:
Uf, qué bonito el despertar en alguien ese deseo de saber qué hubiera sido si...
No sé, hay cosas que se quedan ahí, en el baul de los recuerdos. Alguien me dijo una vez que no dejara escapar al tren que aparece así, de buenas a primera. Creo que lo dejé escapar.
Todo pasa y todo queda.
Besicos
Hola menta:
Lo de lo trenes es complicado, nunca aprendí muy bien cuando había que subirse...pero lo que he aprendido con los años, es ha bajarme de ellos si no me gustaba el paisaje que me hacian recorrer.
un beso, guapa.
Estoy contigo, Alejandro... lo de subir se me ha dado fatal, es más, como tu, dejé marchar un tren valiosísimo...
Pero he bajado de trenes que no me merecían la pena...
Besicos
Lo bueno de los trenes es que casi siempre, cuando menos te lo esperas, acaba pasando uno.
Hola Belén:
Si solo fuera un tren el que perdí...
Aun así no paro de acercarme a la estación, a ver si alguno se dirige a un destino cálido, sin niebla...
Besos.
Hola David:
Totalmente de acuerdo.Y suelen ser los más acogedores...quizás por eso, porque no los esperamos.
abrazos
Publicar un comentario en la entrada