Un niño llamado Alejandro tiene que ir a casa y ponerse a hacer los deberes en su cuarto. De camino, se pierde por un parque lleno de perros y no llega nunca a estudiar a su habitación. Toda su familia lo espera y más tarde lo buscan.
Muchos años después, y ya mayor, Alejandro aparece en una biblioteca, mirando un mapa que tiene dibujada una rosa de los vientos. «Estoy viendo un mapa –se dice –y estoy viajando por él». Está quieto, sentado en una mesa de consultas. El mapa es imagen y composición artística de geografía.
«Me iré pronto – continua diciéndose Alejandro –, tengo que ir a hacer los deberes a mi habitación. Recorreré despacio el parque oscuro lleno de perros, pero volveré pronto a la biblioteca donde están los mapas por los que viajo y que son la piel de papel de un mundo que he de recorrer».

9 comentarios:
Es que lo que no se encuentre en las bibliotecas...
Besicos
Hola.
Las jugarretas que nos gasta la gran imaginación y las ganas de volar!
Hay tanto por ver que más de uno viajamos con la mente y nos trasladamos de un sitio a otro a velocidad de la luz.
Pero bueno, ahí está, quién sabe, eh?
Besicos
Hola Belén:
Entretenimiento y sueños...eso es lo que siempre encontré yo en las bibliotecas.
Besos
Hola Menta:
Tienes razón, con unas solas palabras o con la imagen del mapa (como en esta caso) es suficiemnte, llegamos a sitios a la velocidad de la luz...el problema es volver.
un beso muy grande.
Explorar la vida. Crear mapas.
Últimamente te veo muy filosófico amigo.
Hola D. Navas:
Tods deberiamos crear nuestro propio imagomundi.
Quizás filosofillo, más bien, dejémoslo en diminutivisímo...
un abrazo
Magno relato.
Hola Sergio:
Muchas gracias.
saludos
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