
Desde aquella habitación,
desde aquel rincón tan exquisito,
lanzamos un mensaje para todo el universo.
(SECOND-rincón exquisito)
Decidme entonces…
¿No se ha de parar el mundo cuando yo muera?
¿Dejaré de existir como si tal cosa, como si desapareciera en el hálito de una respiración cualquiera?
¿Será posible un mundo, un universo, una luz encendida que no posea un algo de mi física?
Disculpad estas tribulaciones de la que fue mi voz adolescente
presa de la fuerza y de la posesión eterna del tiempo.
Disculpadme esa voz de entonces, inconsciente,
desconocedora de ausencias, de nadas.
Voz pura y a la vez manchada por la esperanza, por el anhelo, por el sueño.
Voz lejana y que pienso en si alguna vez encontró un eco.
Quizás mi voz de ahora os suene más calmada, más dubitativa,
cansada…es posible.
Ahora conozco como vosotros la debilidad del hombre
y he llegado a comprender
que todo cuanto poseo se lo he robado a los demás.
Disculpadla,
porque mi voz de ahora es un pájaro que intenta el vuelo
con el cuerpo lleno de plomo.
Mi voz de ahora es el tratado mecánico de piedras y palabras, de vientos y de golpes
con el que reconstruyo esta casa que algún día seré yo.
Y disculpad también por mi voz futura: por su rara y extraña quietud,
por descreída y sabia,
por conocedora de la inutilidad de todo.
Esa voz suave pero inmutable,
sentenciosa…muerta
que os contará lo innecesario que fue crear y creer,
y sobre todo
lo sonrojante que es la vida
cuando se la observa desde la luz que esta desecha.
Esa voz será mi voz futura, la que pertenecerá al tiempo en que os mire
y os vea ya en otro tiempo y os vea ya en otras formas.
Y si podéis de nuevo,
disculpad la que será mi última voz,
la voz soñada,
la verdadera voz del total silencio:
el chillido ansiado
que nace desde adentro y solo hacia dentro retumba.



