Habitar en un poema. Ser esencia de alma escrita. Instante de sentimiento apresado y anotado en un espacio. Ser poesía, ser ciencia que refleja la evolución de los sentimientos y las ideas a través del tiempo.
Ser un poema es no existir sino no se es requerido. Es no poder ser leído si la luz no acaricia las paredes de tu casa. Es vivir toda tu existencia en los minutos que dura la lectura. Es pertenecer como hombre y como sexo al género eléctrico de la poesía.
Ser poema es morar en el significante de la palabra. Respirar en el intercalado de los versos. Pasear por el trazo curvilíneo de las letras. Gritar en el acento de las sílabas. Hacer trucos de magia ante el espejo de la metáfora. Poseer la esencia del movimiento desde la placida quietud de lo inamovible.
Ser poema es ser forma indescifrable que, a la velocidad de la centella, atraviese la pupila y se proyecte en la retina; y de allí, viaje para ser descifrada en los abismos kilométricos del cerebro… y deslizarse luego al caprichoso test de los sentidos… y quizás, volver como esencia de la nada al aire, o, con suerte, resurgir y volar alojado en un suspiro.
Si yo soy un poema, que el primer verso sea mi nacimiento y que el último sea mi muerte; y si al leerme brotaras tú, poesía, seas por ello mi paraíso y mi única recompensa; y acaso, de no emerger tu aliento, sea entonces mi merecido olvido... y al pasar la página, morir yo en el continente helado de las palabras ignoradas.
(imagen: poema de Yusuf)











